miércoles, 15 de julio de 2015

Tchipras obligado a cantar el Himno de la alegría ante el ministro alemán Wolfgang Schäuble.¿Qué hemos aprendido de Europa en esta crisis?



 Este aprendizaje es independiente de Syriza, es independiente de la izquierda, es independiente de que los sucesivos gobiernos helenos hayan cometido errores, es independiente de que Grecia sea una economía poco competitiva e incluso de admitir que le fuera necesario realizar importantes reformas. Tiene que ver más bien con el peso de los diferentes actores en el proyecto europeo, con sus valores, con sus políticas y con sus relaciones de poder.
1)      Que Europa no es, como se nos decía, una federación de naciones libres y solidarias, sino un imperio neocolonial, cuya metrópolis es Alemania. El resto de países solo son protectorados.
2)      Que quien tiene el dinero tiene el poder. No existe una relación de socios entre los Estados, una relación entre iguales. Los acreedores son los amos, los deudores los esclavos.
3)      Que los amos están dispuestos a todo con tal de mantener su posición: a dictar las normas internas de un país, a derrocar gobiernos, a intimidar a la población, a fomentar las desigualdades, a expulsar a los disidentes y a humillar a los opositores.
4)      Que la capacidad de cortar el crédito para ahogar la economía de un territorio, en manos del Banco Central, es decir de Alemania, es un arma con tanto poder de devastación como una bomba nuclear. El uso de esta capacidad para imponer objetivos políticos es terrorismo financiero.
5)      Que lo que digan los pueblos carece de valor.La democracia es una ficción si coincide con la opinión de los amos, o una afrenta si discrepa. Si este último fuera el caso la decisión del pueblo no solo será incumplida sino castigada con severidad.
6)      Todos los gobiernos están obligados a cumplir y hacer cumplir la política económica de los amos, resumida en el lema neoliberal: más mercado, menos Estado.
7)      Los gobiernos que cuestionen las reglas serán humillados ante sus votantes, sus pueblos sometidos a escarnio público. Lo cual debe servir de ejemplo a potenciales  opositores.
8)      Todos los gobiernos europeos son colaboracionistas del poder alemán. Su aceptación de las reglas de juego no es realismo sino servilismo, reconocimiento de su debilidad frente al poder de los amos.
9)      El gobierno griego ha sido el único hasta en la fecha en rebelarse. Se debe honrar su valentía,  pero no ha sabido medir la correlación de fuerzas. Este ha sido su único defecto.
10)   Ante la posibilidad de que se incremente aún más la miseria de su pueblo, abocado a la inmediata bancarrota y a la salida del euro, el gobierno griego ha optado por la rendición. Grecia ha renunciado con ello a su soberanía.
11)   El pueblo griego, incluso en su derrota, contará con el mérito de haber hecho visible el monstruoso engendro que se esconde bajo el disfraz progresista, demócrata e igualitario que llaman Europa, a fin de que los demás esclavos podamos despertar.

12)   La Troika exigirá a los griegos en el próximo Eurogrupo cantar el himno de la alegría de Schiller para celebrar el día de la Construcción europea, como hacían los nazis cantar las óperas de Wagner a los judíos en los campos de exterminio.

sábado, 10 de enero de 2015

ILUSTRÍSIMO MIGUEL CAMPEADOR, DE LA SAGRADA COFRADÍA DEL ORDENO Y MANDO




     
 Hubo una vez un alcalde a quien le producía sarpullido la palabra participación. Es cierto que al principio trató de ocultar su fobia por el ejercicio de la libertad colectiva, manteniendo un tono cordial y simpaticón, tiernamente campechano, que suscitaba la devoción de sus convecinos, correligionarios y votantes. Pero tan pronto como tocaba poder, no sé como decirlo, lo sentía como suyo, le daba por apropiárselo, agarrándose a él con la misma ansiosa desesperación que un niño a las chuches de Rajoy (como se recordará suprimir el IVA en las chuches, por su visión de futuro, fue el eje del programa económico del Partido popular). “Aquí no hay más jefe que  Miguel Campeador…”  entonaba con voz de barítono cada mañana al entrar en su despacho, acompasando el canto con un enérgico golpeteo de puños en su esternón y encaramado cual búho redondo y flamígero en la silla más alta.

Los síntomas del síndrome conocido como Miguel campeador no tardaron en manifestarse al poco de conseguir la mayoría absoluta. No habían pasado  ni cien días cuando redujo a la mitad el número de plenos para que la oposición no pudiera fiscalizarlo; los convocaba a horas y días intempestivos, sin orden ni concierto,  para que ningún vecino pudiera acudir a ellos; ponía cuantas trabas estaban a su alcance a la labor de control de los concejales; y aprobaba el presupuesto municipal cuando estaba a punto de expirar el ejercicio presupuestado. Pero aquella pérfida hambre de poder seguía sin saciarse, le roía a todas horas, como si hubiera sido poseído por aquel histórico edil de los tiempos obscuros, el que tiene nombre de sabio bíblico pero en pequeño: Salomón-cete, al que secretamente admiraba. No le tembló el pulso para suprimir el boletín municipal y dejó que agonizara la web local, dejando a su pueblo en la mayor opacidad informativa.

En vano solicitaron grupos de vecinos, mediante campañas de recogida de firmas, celebrar consultas sobre temas tan importantes como el destino de la fundación caja rural o la gestión del agua. La sola idea de que se pronunciara el pueblo le producía un dolor abdominal, una punción aguda en el bajo vientre, una incómoda urticaria en la parte más sensible de sus tremendas –a fuer de entrenamiento− gónadas. Sus delirios absolutistas llegaron a tal punto que decidió conculcar a sus vecinos, incluso a los representantes de asociaciones, el derecho a intervenir al final de los plenos por temor a que sus consideraciones le resultaran enojosas. Y por nada del mundo aceptó hacer pública su declaración de bienes e ingresos como le demandaba la oposición, la ley e incluso su propio partido. En ese punto hay que ser compasivos, la transparencia resulta, para este tipo de síndromes, tan dolorosa como dicen que lo es la luz  para el vampiro o el agua bendita  para el aciago demonio.

Hubo una vez un alcalde manso en sus formas y áspero en sus intenciones, que desarrolló el extraño síndrome de Miguel Campeador. A veces los niños, ávidos de risas y sarcasmos, le provocaban por las calles susurrando cerca de su oído: ¡participación! Y él, al oír la palabra maldita, sin poderlo evitar, con la precisión de un muelle,  se arrojaba a su cartuchera y blandía  contra ellos, como un viejo fusil, su vara de mando. Venid aquí, bribones, cachorros comunistas –gritaba, que os voy a dar yo participación. 





sábado, 15 de noviembre de 2014

A VUELTAS CON EL DEBATE SOBERANISTA. LA IZQUIERDA EN LA ENCRUCIJADA



El llamado proceso catalán es un órdago no tanto para la derecha, tradicionalmente centralista, como para la izquierda, portadora de genes federales e históricamente comprometida con los movimientos de liberación nacional.  Si a ello sumamos la música celestial que resuena en la melodía del  derecho a decidir o del derecho de autodeterminación para un demócrata convencido, podemos comprender el grado de desorientación extrema que partidos como PODEMOS o I.U. muestran a la hora de afrontar el reto independentista. Ni siquiera atados al mástil del internacionalismo obrero son capaces de resistir el canto de las sirenas nacionalistas cuando entonan el Els Segadors, flamante himno de Cataluña. Y creedme que digo esto con pesar porque me siento ideológicamente cercano a estos grupos.

Toda la izquierda parece dispuesta a  reconocer el derecho a decidir del pueblo catalán, aunque al mismo tiempo  suaviza su mensaje proclamando que votarían en contra de la independencia en un posible referéndum. Lo que no me acaba de resultar convincente, ya que supone  morder el anzuelo de CIU y ER: el mero reconocimiento del derecho a decidir es tanto como aceptar que Cataluña es un pueblo soberano y por tanto independiente. De otro modo no se facultaría al cuerpo de votantes para determinar si se vincula o no con el Estado español.

El derecho a decidir es una falacia política similar a la petición de principio en el orden intelectual, da por cierto en las premisas aquello que pretende demostrar. Es como si un coronel preguntara a un soldado: ¿Estás dispuesto a obedecer mis órdenes? Diga lo que diga el soldado, tanto si está dispuesto como si no, ya no se tratará de una relación de obediencia sino de un contrato entre iguales. Estaríamos pues ante una pregunta trampa, donde la respuesta está incluida en la pregunta. Cosa muy diferente sería el derecho a opinar.

¿Y si llevaran razón los independentistas? ¿Por qué no reconocer que su pretensión descansa en un derecho legítimo?   Solo hay una forma de saberlo y también adoptaría la forma de un referéndum en Cataluña, solo que en unos términos algo diferentes a los planteados el 9N. Su resultado tranquilizaría mi mala conciencia por desear una España federal, solidaria y plurinacional: ¿Desea usted la independencia de Cataluña a cambio de que su contribución fiscal al resto de España siga siendo la misma indefinidamente o acepta pertenecer al Estado español con la condición de que todos los impuestos de Cataluña vayan a parar a los catalanes? 

         Solo una pregunta así permitiría separar el trigo de la paja, saber si lo que está en juego en todo este conflicto son sentimientos genuinos de pertenencia o el viejo egoísmo de los territorios ricos para zafarse de la carga de los territorios pobres.

Mucho me temo lo peor. Y es que el derecho de autodeterminación yo solo se lo reconozco a los pobres.

miércoles, 4 de junio de 2014

DEMOCRACIA VERSUS MONARQUÍA



Más allá de los escándalos, costes y corruptelas que se le puedan imputar al caso concreto, o de las simpatías y antipatías que el personaje nos pueda generar, la monarquía es en sí misma un engendro antidemocrático.
·        Plantea que la legitimidad de la jefatura del Estado se trasmite por medio de los genes y no por medio de los votos.
·        Establece el privilegio de una familia sobre el resto de ciudadanos, destruyendo el principio de igualdad que funda una sociedad democrática.
·        Pone a un sujeto por encima del imperio de la ley, vulnerando el estado de derecho. La inviolabilidad del monarca implica que no puede ser juzgado por ningún tribunal ni se le puede imputar delito alguno. Al no estar sometido al código penal podría cometer pedofilia, violación o asesinato sin contraer ninguna responsabilidad.
·        Imprime carácter vitalicio al cargo, impidiendo su saludable renovación cada cuatro años como el resto de poderes del Estado. Todo poder vitalicio acaba generando corrupción.
·        Es machista al privilegiar al heredero varón.
·        Admite el absurdo de dejar la máxima autoridad del estado al albur del azar genético –solo nos queda rezar para que el heredero no sea manifiestamente necio, incompetente o malvado–, violando el principio de elección racional que prima el mérito y la capacidad de los candidatos.

La monarquía es, en suma,  una institución premoderna, un fósil histórico, que prioriza la sangre sobre el sufragio y sanciona jurídicamente el derecho divino de cuya ficción surgieron los Borbones. No discutiré si la monarquía fue necesaria en la transición como modo de conjurar las amenazas del franquismo, el precio que una democracia todavía inmadura y atemorizada por los poderes reaccionarios hubo de pagar para consolidarse, pero no se puede hacer de la necesidad virtud y pretender que en las actuales circunstancias, cuarenta años después, siga teniendo sentido.
Tras la abdicación ha llegado la hora de que el pueblo, en un acto de plena soberanía, liberado del miedo y de la minoría de edad, decida  mediante referéndum el modelo de estado que prefiere. De lo contrario, el rey Juan Carlos –por mediación de sus súbditos parlamentarios–, legitimado por salvar la democracia de un golpe de estado, logrará,  imponiendo la sucesión sin consulta, dar un golpe de estado a la democracia. 

miércoles, 30 de abril de 2014

CANTO A LO DIVINO



Te imploro a ti fondo del mundo,
oscuro y amoroso silencio
que sin razón creas y destruyes
cuanto vive en este pequeño intervalo.
Permite santificar mi imperceptible existencia
con tus sagrados y eternos dones,
destellos de un centro único
que irradia en plenitud los vastos confines.
La divina Valentía que no cede sino a lo que es justo y propicio,
que arrostra sin vacilar los riesgos
de proteger lo que es frágil, la derrota probable, la palabra sincera;
la Justicia, más antigua que dioses y hombres,
que marca los límites
donde los seres pueden florecer
en respetuosa armonía;
la Generosidad, que llena los corazones de una misteriosa abundancia
cuya fuente es el gozo por lo que nos ha sido dado.
Fortalece mi ser de numinosa Paciencia
para recibir sereno, con templado aplomo, la oposición
del mundo a mi angustiado deseo.
Hazme Manso y Compasivo frente a las ofensas,
sin que la cólera ciegue con su exceso
la proporción exacta de mi respuesta legítima.
Deja que mi rostro brille Auténtico, sencillo, sin rodeos,
de una forma tan íntegra que inspire confianza a los hombres.
Dame fuerzas para cuidar de la tierra, de las frágiles criaturas que la habitan, suspendidas sin remedio entre el nacimiento y la muerte.
Y cólmame, al presentir tu Belleza,
de la Dicha que enciende el sentido,
del Entusiasmo que eleva nuestros corazones
hasta las alturas del Padre eterno,
de la Risa que nos sumerge en la embriaguez del instante.
Acepta mis votos como un acto de Piedad sincera,
que nada reclama sino el pavoroso reconocimiento de tu  indisponible misterio,
la proclamación de tu majestuosa indiferencia,
obstinadamente sorda a mis palabras.
Concédeme el privilegio de ser tu sacerdote mortal
en tiempos de indigencia extrema,
cuando los dioses, que antaño revelaban tu riqueza infinita,
ocultan su augusta presencia en el olvido,
y los hombres, otrora atentos a los signos del cielo,
se postran ante falsos ídolos
que los precipitan en una existencia vacua y arrogante.
Te lo pido a ti fondo del mundo,
principio innominado bajo todos los nombres:
despierte mi canto a tu divina Dulzura
para que mi ser, dócil canal de inefable Alegría,
te bendiga eternamente.


viernes, 24 de enero de 2014

LA CAJA MÁS ALLÁ DE NUESTRAS DIFERENCIAS

El reto que se nos plantea tras la intervención y venta de nuestra más importante institución económica, la caja rural comarcal de Mota del Cuervo, nada tiene que ver con los partidos políticos aunque tenga una dimensión política como todo lo que ocurre en sociedad, fuera del ámbito privado. El reto es mucho más rico, ya que pone en juego nuestra identidad y futuro como pueblo.
Sería por ello un grave error distraernos ahora en si determinadas propuestas son conservadoras o progresistas, de qué partido es quién dice las cosas, va a las reuniones o expresa determinadas opiniones. Lo importante ahora no es quién dice qué cosa sino si lo que dice es sensato.  Verlo de otro modo supondría una deslealtad para la voluntad con la que nació y creció Caja rural. En ella se integraban, al menos parcialmente, nuestras diferencias. Todos pertenecíamos voluntariamente a una misma sociedad, cooperábamos en una empresa común, mancomunábamos los beneficios y resolvíamos solidariamente nuestras necesidades: necesidad de ocio (Cerro mingote, centro de la juventud), necesidad de salud (centro de salud), necesidad de cultura (terrenos de la escuela de música, subvenciones a asociaciones, edificio trastero a la sede de la caja), necesidades pecuarias (arreglo de caminos).
Parece claro pues que es importante consensuar entre todos unos mínimos para afrontar este proceso lleno de incertidumbres, a menos que ya estemos resignados, nuestros sentimientos sean demasiado débiles o nos hayamos vuelto mezquinos y cortos de miras. Es hora de aparcar recelos, cooperar y sumar esfuerzos.
La prueba de que no es retórica lo que señalo la proporciona la siguiente lista de  interrogantes que desde mi punto de vista deben ser resueltos para no cerrar en falso el proceso. Que cada cual decida en conciencia si le conciernen como simpatizante de alguna agrupación política, empresarial o sindical o  como socio de la Caja y vecino del pueblo, que es lo que muchos pensamos.
¿Es viable jurídicamente revertir el proceso de venta a Globalcaja y recuperar la entidad?,¿cuál es la proporción entre el coste del recurso y las posibilidades de que prospere?,¿cuál es el órgano que detenta la representación de la Caja en la actualidad, al que la ley reconoce el derecho a recurrir la intervención y a presidir el Patronato de la Fundación?, ¿qué hemos hecho mal, y durante cuántos años, para llegar a esta situación desesperada?, ¿cómo lograr la máxima transparencia sobre aquello que ha llevado a este deterioro, cómo podemos acceder a la información que sistemáticamente se nos ha negado a los socios: el informe del Banco de España, que avala jurídicamente  la intervención y venta?, ¿podemos de algún modo enmendar lo sucedido, crear algún tipo de institución semejante a la Caja rural donde poner nuestros ahorros?, ¿existe un modo seguro de poner a buen recaudo los bienes de la Fundación para que conserven su carácter local, abierto y público?
Personas de diferentes credos, condición  e ideología tenemos claro que estas cuestiones nos atañen a todos y merecen una pequeña parte de nuestro tiempo. La búsqueda de una candidatura única y la plataforma QUEREMOS NUESTRA CAJA nacen con esa voluntad de consenso en lo que respecta a la defensa de la entidad, aclaración de errores y enmienda de lo sucedido. Después que cada cual, partidos o personas, saquen su conclusión y hagan lo que estimen oportuno. Ayuntamiento, partidos, sindicatos, entidades agrarias, asociaciones empresariales, antiguo consejo rector y vecinos en general, estamos llamados a hacer cuanto esté en nuestra mano para afrontar estas cuestiones cruciales. No es momento de distraerse en rencillas, linchamientos públicos, vendetas o politiqueos  de corto alcance. Pues en ese caso perderíamos una ocasión única de madurar como pueblo
El domingo a las 11 se celebrará una asamblea en el Auditorio y a las 13h una concentración frente al edificio de la Caja. Aunque  la primera haya sido desconvocada por el FROB,  no pocos acudiremos a ella porque queremos dar un paso al frente en estos momentos difíciles, por voluntad de crear un órgano estable que se ocupe de sacar adelante en los próximos meses estos importantes cometidos,  y por respeto a la última decisión soberana que tomó la asamblea de la CAJA RURAL COMARCAL.  En resumen, como homenaje a los 60 años de servicio a nuestro pueblo de esta entidad emblemática y por respeto a nosotros mismos.

domingo, 19 de enero de 2014

DEFENDEREMOS NUESTRA CAJA HASTA EL FINAL




En pocas ocasiones un pueblo toma tanta conciencia de sí mismo como cuando le matan lo que ha creado a lo largo del tiempo, venden al mejor postor el fruto de su trabajo común, arrojan fríamente por la borda, a golpe de boletín, una parte significativa de su historia. Mota del Cuervo es desde el día 14 de Enero de 2014 un pueblo de luto, sumido en la rabia y la tristeza, tras haber conocido por las redes sociales que un organismo dependiente del Ministerio de economía y hacienda, el FROB, había liquidado y vendido de forma urgente,  contra la voluntad mayoritaria de sus accionistas, su institución más preciada y señera: la Caja Rural comarcal de Mota del Cuervo.
Caja que era en primer lugar el motor de la economía local, la que concedía préstamos en las mejores condiciones de mercado, la que abastecía de créditos a las pequeñas empresas y particulares, la que no cargaba comisiones a sus clientes por las operaciones que  realizaban, en la que sus consejeros, elegidos en asamblea, no cobraban ni un duro y donde los beneficios se destinaban a obras sociales e infraestructuras para toda la comunidad. Pero la caja significaba mucho más aún: el esfuerzo compartido de generaciones, la integración de nuestras diferencias, el espacio donde más que clientes nos sentíamos familia, donde disfrutábamos de la dignidad que concede no estar a las órdenes de otros, servir a intereses ajenos. En la Caja, cooperativa de crédito,   éramos dueños de nuestros ahorros, sujetos económicos y no simples consumidores financieros.
Tal vez por ello a lo largo de la semana, de una forma espontánea cientos de vecinos, de distintas condiciones e ideologías, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres,  nos hemos ido buscando unos a otros para compartir el dolor y la rabia que sentimos por tan gran pérdida. Y de esos encuentros ha surgido la determinación de organizarnos para defender nuestra caja hasta el final, cueste lo que cueste. La determinación de no darnos por vencidos a menos que  lo exija un juez en sentencia firme.
También es cierto que hay rostros en los que puede leerse la derrota, la resignación, el a rey muerto rey puesto, rostros temerosos de ofender al nuevo soberano: Globalcaja, ahora señora de sus créditos.
Pero el espíritu con que nació y vivió la Caja rural comarcal durante sus más de 40 años sigue vivo entre nosotros, porque ese espíritu no es otro que la identidad de un pueblo que prefiere la asociación entre iguales antes que la dominación, el servilismo o la competencia. De ese espíritu volvió a brotar  ayer, 19 de Enero de 2014, de forma espontánea, con la firma de cientos de asistentes, la plataforma: QUEREMOS NUESTRA CAJA  destinada a cumplir cuatro objetivos:
1) Agotar las vías jurídicas frente a la decisión del FROB, que tendrá que explicar ante los tribunales las razones de su intervención, por las que ha utilizado el procedimiento de urgencia, por las que ha optado por la venta frente a otras posibles soluciones, por las que ha rechazado el plan de viabilidad ofrecido por el antiguo consejo rector y por las que, si es tan insolvente e inviable como señala en su resolución puede haber interesado a Globalcaja su adquisición por más de 1,2 millones de euros. Las razones en suma por la que ha vendido nuestras acciones y liquidado nuestros derechos societarios, empezando por el derecho a la defensa jurídica, al haber impedido la constitución de un nuevo consejo rector que, tras la dimisión del anterior, se hiciera  cargo de dicha defensa ante los tribunales.
 2) Queremos saber, en clave interna, qué es lo que ha pasado para llegar a esta situación, cómo se han gestionado nuestros ahorros durante estos últimos cuatro años, qué se ha hecho mal para provocar el presunto deterioro económico al que se refiere el banco de España, por qué se ha actuado con tan poca transparencia y se han acumulado tantos riesgos.
3) Velar por la fundación Caja rural, que representa el patrimonio acumulado de todos los socios a lo largo del tiempo, nuestro capital social, y que no estamos dispuestos a entregar sin resistencia a una entidad extraña.
4)  Queremos explorar en último lugar, y solo en el caso de que el resultado de nuestra defensa resultara inútil, qué posibilidades existen para crear una nueva entidad o estructura financiera de carácter cooperativo con los mismos principios y valores que inspiraban la Caja rural comarcal.  Y llevar a ella todos nuestros ahorros, préstamos, subsidios, nóminas y jubilaciones.
Globalcaja, que ha comprado una entidad a sabiendas de que lo  hacía contra la voluntad expresa de sus antiguos propietarios, no debe salirse con la suya y convertirnos en una mansa clientela. Quien ha sido antes señor no puede admitir ser tratado ahora como criado en su propia casa.

La lucha será sin duda ardua, probablemente larga y costosa, plagada de dificultades y resistencias, pero los vecinos de Mota somos como juncos que se doblan pero jamás se quiebran. Como pueblo nos han golpeado,  como pueblo nos defenderemos.

viernes, 22 de noviembre de 2013

DONDE HABITE EL OLVIDO


Donde habite el olvido,

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti. 
                                                                       John Donne,

Nada perturba más mi ánimo que visitar un cementerio, encontrarme de frente, sin subterfugios, con el espantoso silencio que acabará devorando cuanto amo. Pero hoy, soleado día de noviembre,  he decidido vencer esta cobarde aversión y ponerme al alcance de su tacto gélido, ser testigo de la despiadada masacre del tiempo.
Uno a uno he recorrido los nichos de la parte nueva, los humildes sepulcros que sellan a la mirada los restos  de mis convecinos, reconociendo con añoranza sus rostros cercanos, a veces ingenuos, posando ante la cámara con ignorancia de que precisamente esa fotografía, tomada en una boda o un cumpleaños, evocaría su recuerdo cuando ya no estuvieran.  
Sentía que sus vidas pasadas me asaltaban en tropel, alargando sus dedos hacia mí como tristes fantasmas sedientos de memoria: todos querían recordarme lo vivido, por pequeño que fuera: un saludo amable, una preocupación compartida, un concierto, un sueño hermoso, una cerveza, un paseo por la feria.
Solitario, ante la indiferencia del cielo y de los pájaros, estallé en un sollozo eternamente largo y sentido,  hasta tal punto me desbordaba la piedad por esos pobres seres, por sus momentos finales, por el fatal desamparo al que se habrían tenido que enfrentar hasta ser  demolidos.
También lloraba por mí, porque ahora nadie más que yo podría acreditar que un día me los crucé por la calle,  que un día compartí con ellos  mirada, broma, vino o abrazo. Comprendía de pronto lo que esos tristes difuntos, en aquel soleado día de noviembre, me querían trasmitir con impaciencia: que más allá del pequeño yo, orgulloso y distante, formábamos un solo tapiz de innumerables almas, que nuestras vidas estaban extrañamente entretejidas, que era yo mismo quien descansaba parcialmente en esas sepulturas.
Cuando regresé al lugar de los vivos me sentía desorientado y confuso. El contacto con la muerte nunca nos deja intactos. Al cruzarme con algún anciano, con alguna señora, joven o niño, de nuevo me saltaban las lágrimas, anticipando sus rostros junto a un nicho vacío. Suerte que una fuerza mayor, la de la vida, creció en mí hasta hacerme estallar en un mar de ternura. Cada uno de esos hombres y mujeres, rebosantes todavía de luz y de esperanza, brillaban para mí como un milagro único. Era la vida, no podía ser otra, la que me decía: no dejes, jamás, para mañana lo que puedas amar hoy.

lunes, 28 de octubre de 2013

EL DIOS DE UN ATEO

 

En lo que el hombre santo hace, vive y ama, no se muestra Dios en sombras, ni cubierto por un velo, sino en su propia vida inmediata y enérgica

                                             Fichte
     
Si hubiera un Dios, el principio que nos exige respetar a los seres libres y cuidar a los vulnerables sería su mandato. Lo que significa,  en primer lugar, que no podemos representarnos un Dios cuyos mandamientos prescribieran,  por ejemplo, el asesinato, la violación o la pederastia.  Un ser así, aun cuando tuviera el poder de crear y destruir mundos, o manejar a su antojo las leyes naturales, sería temido, más no podría ser estimado ni, en consecuencia amado, pues no se puede amar lo que se desprecia.
Siendo  por tanto la racionalidad moral la que nos permite identificar a un determinado ente como Dios, ha de concluirse, en segundo lugar,  que el respeto y el cuidado universal que ella ordena de manera incondicional ha de formar parte de la esencia divina, pues ninguna ley podría limitar externamente, desde fuera, a un ser absolutamente perfecto en el supuesto de que existiera.  
Es preciso señalar en este punto que no ocurre lo mismo con las leyes  que gobiernan la materia, ya que cabe pensar en multitud de universos con leyes y  constantes físicas diversas al actual, lo que implica que la conexión entre el creador y la naturaleza es contingente, no necesaria. Dios podría haber creado sin contradicción universos donde, por ejemplo, hubieran cinco fuerzas y no cuatro, o donde la atracción entre las masas no fuera inversamente proporcional al cuadrado, sino al cubo, de la distancia que las separa. Pero no podría, sin embargo, haber creado un mundo donde fuera moralmente correcto que los hijos ultrajaran a sus padres o  los débiles fueran explotados sin piedad hasta morir.
En tercer lugar, la hipotética inexistencia de un ente supremo no resta validez al imperativo moral, ya que no es su existencia la que justifica el imperativo, sino el imperativo quien hace justificable –que no necesaria–, su existencia. La moralidad es condición de la religión y no a la inversa como tradicionalmente se ha pensado.
 Por el contrario, la posibilidad, e incluso certeza, de su inexistencia para el ateo, otorga una absoluta pureza a las acciones del justo, al excluir de su motivación cualquier referencia interesada a premios o castigos eternos. El hombre honrado cumple la ley sin esperar nada a cambio. Más la convicción íntima de que si existiera una divinidad, una voluntad moralmente perfecta –santa–,   esta se reconocería necesariamente en sus acciones, ha de despertar en él un sentimiento de íntima conformidad,  amorosa gratitud y dulce bienaventuranza. Solo a través de este sentimiento participa el hombre en la esfera sagrada.
En cuarto lugar, y puesto que el principio que exige respetarnos y cuidarnos mutuamente es conforme al concepto de un Dios,  y descansa exclusivamente en el poder de los seres racionales llevarlo a la práctica,  cada acción que incrementa la libertad en el mundo o libera a los seres del sufrimiento, realiza lo divino,  hace brillar su luz ideal, aun solo un instante, en  la indiferencia cósmica. Pues un Dios infinitamente bueno pero impotente, por carecer de realidad, no tendría otras manos que las nuestras para sanar a los hombres.

domingo, 20 de octubre de 2013

LA FUERZA DEL CONTEXTO. HISTORIAS DE CORALIE


Nunca fui persona singularmente celosa o posesiva, pero sí susceptible al incumplimiento de los códigos de cortesía. De modo que en las ocasiones en que acudía con Coralie a discotecas o bares de copas podían llegar a irritarme, con inusitada intensidad, las miradas fijamente ávidas de algunos varones, posadas impertinentemente sobre sus ojos u otras zonas de su anatomía – en las que creía advertir, por cierto, una motivación más gastronómica que científica.
Y no es que pensara que el cuerpo de Coralie fuera una suerte de colorida petunia que me perteneciera en exclusividad, y del que los otros pretendían libar a distancia una diminuta fracción de polen, atentando así contra los derechos del floricultor, por seguir con la metáfora. Eso sería tan estúpido por mi parte como tratar de impedir las espontáneas sinergias que surgen entre fauna y flora en las promiscuas tardes de primavera o, dicho con el peculiar rigor del lenguaje coloquial, “poner puertas al campo”. La afrenta radicaba en el ninguneo que dejaba entrever la tenacidad ocular del mirón o la elevación del tono en que se formulaba la grosería, cuando estas expresiones llegaban a ser perfectamente visibles o audibles para un espectador imparcial.
Por el contrario, la mirada de soslayo a los ceñidos vaqueros de Coralie o el disimulado gorgojeo de lasciva exaltación que suscitaba la imaginación de las posibilidades de placer que ellos contenían, la honraban a ella y me honraban a mí de forma indivisible, dado que ambos éramos tenidos en cuenta: ella con deseo, yo con odio.
En cualquier caso, ya pueda interpretarse que mi capacidad para ser ofendido se hallaba en el límite difuso entre la dignidad y el orgullo, entre lo honorable y lo paranoico, lo que nunca dejó de asombrarme era el modo en que reaccionaba mi organismo cuando en alguna rara ocasión visitamos los llamados clubes liberales o clubes de intercambio de parejas; singulares espacios que trataban de resolver, con herramientas poco matemáticas, la cuadratura del círculo sentimental, al cultivar sin pudor el sedentarismo afectivo y el nomadismo sexual.
Recuerdo cierto día, cuando nada más atravesar el hall de entrada, que con colores fosforescentes y una pobre iluminación  trataba  en vano de crear una sugerente penumbra, un chico apuesto y con modales ceremoniosamente taurinos –lo que espero se entienda más como una metáfora audaz que como un lapsus linguae– se nos acercó y, levantando suavemente la mano de Coralie, mientras iniciaba un lento y  reverente paseo visual por todos y cada uno de los accidentes de su geografía, desde la base de los tacones hasta el chakra Sahasrara, que según los hindúes se asienta en una zona invisible, una cuarta por encima de la coronilla, me dijo: sí señor, puede sentirse orgulloso, una auténtica preciosidad, nada me gustaría más que poder compartir con ella y con usted, si ambos lo desean, un poco de intimidad a lo largo de la noche.
Y, por extraño que parezca, en vez de un rabioso deseo de golpear a aquel truhán por su osadía, brotaba de la zona de mi amígdala, donde según los neurólogos  se asienta, vivo y palpitante, el arcaico cerebro  de los mamíferos,  una expresión de orgullo y abierta gratitud hacia el desconocido, que solicitaba, con tan exquisitos modales, acostarse con Coralie. No es la naturaleza la que sanciona la posesión, me decía a mí mismo, sino el insidioso poder de los contextos. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

LA DESORIENTACIÓN DE LA IZQUIERDA ANTE EL RETO SOBERANISTA. ¿FEDERALISMO O SOLIDARIDAD?


              

Espero se me perdone la osadía de intentar sintetizar en una breve y sencilla fórmula la solución al reto planteado por el soberanismo catalán. Reto que trae de cabeza no solo a los grandes partidos, hechos pedazos tanto a nivel ideológico como electoral, sino a toda la ciudadanía, sea española o catalana, envuelta en un laberinto del que no parece posible escapar sin incurrir en un proceso altamente traumático, similar al que se espera de dos trenes que incrementan progresivamente su velocidad en dirección contraria.
La fórmula a la que me refiero pretende ser imparcial frente a las expectativas de ambos nacionalismos, el español y el catalán, por lo que su vocación sería servir de criterio, vara de medir, en la disputa, al menos para un interlocutor razonable afincado en cualquiera de ambos territorios.
Dice así: tanto autogobierno como sea compatible con la igualdad de derechos políticos, sociales y económicos de todos los ciudadanos. Lejos de un esquema vacío, el principio coordina dos valores positivos, el federalismo y la justicia, generando entre ambos armonía.
Pongámoslo en ejercicio. Si un territorio X reivindica mayoritariamente el derecho a establecer libremente sus instituciones políticas, planteando incluso la secesión respecto a un Estado previo, nada se le podría reprochar, salvo que el resultado supusiera un aumento significativo de la desigualdad en derechos y deberes de los ciudadanos del Estado naciente respecto a los del Estado con el que anteriormente formaba una unidad.
 Dicho en roman paladino, si la secesión de Cataluña o cualquier otro territorio tiene como consecuencia que los desempleados, jubilados, enfermos  o trabajadores de Andalucía o Extremadura vivan peor que los desempleados, jubilados, enfermos o trabajadores de Cataluña, esta secesión es, al menos parcialmente,  ilegítima. Resulta incomprensible que partidos como PSC, I.U. o Ezquerra Republicana, de tradición obrerista e internacionalista, se posicionen sin matices a favor de una consulta cuya consecuencia pudiera dar lugar a que la distribución de los derechos sociales y económicos primaran la pertenencia nacional a la social, el ser miembro de una comunidad a  ser miembro de una clase, la vinculación a un territorio a la condición de persona.
Ahora bien, supongamos que Cataluña o cualquier otra nación, región o territorio quiere incrementar aún más sus competencias para determinar de un modo diferente al resto de territorios cuestiones que no implican un menoscabo de la igualdad en la cuota de bienestar social de sus ciudadanos, como la eutanasia, la legalización de las drogas, el sistema penal, el aborto, la regulación del matrimonio, la gestión de la sanidad y educación o la organización territorial, nada habría que objetar. Por el contrario, la diversidad incrementaría la riqueza y pluralidad del estado, sea este autonómico, federal o confederal.  
Y por si algún nacionalista catalán considera sesgado hacia el lado español el principio propuesto, la prueba de su imparcialidad radica en que en el supuesto de que en un futuro próximo España quisiera mediante referéndum salirse de la unión europea para zafarse de contribuir fiscalmente al desarrollo de países desaventajados como Grecia o Portugal, lo juzgaría igualmente ilegítimo. La insolidaridad entre los pueblos, la desigualdad entre los ciudadanos no pueden jamás formar parte del derecho a decidir.  




domingo, 14 de julio de 2013

PRIMERA FIESTA DEL ORGULLO GAY (O DE LA TOLERANCIA) EN MOTA DEL CUERVO



Hace tan solo unos días un anciano curtido de esos que siempre se han creído muy hombres, se preguntaba en un bar, en voz alta y con un matiz de irónica censura, qué significaba “orgullo gay”. Aquel pobre intolerante había llegado a la vejez sin entender nada, con el mismo grado de estupidez adquirida que se nos había inculcado a todos en una época oscura, que tuve mucho gusto en ayudarle a recordar.
Si hubiera de destacar, –le dije– una de las cosas más terribles y crueles de mi adolescencia, allá por los ochenta, elegiría sin duda el modo en que la sociedad trataba, o mejor dicho: maltrataba, a sus homosexuales.
Desde la escuela a la familia, desde la pandilla al trabajo, desde la iglesia al Estado, toda una inmensa guillotina de medias palabras, de ofensivos silencios, de burlas, de patéticas fanfarronadas, de chistes de mal gusto, de angustia reflejada en los rostros de tus seres queridos, nos precavía a todos del terrible riesgo que suponía encontrarte un día con que tú eras uno de esos, un innombrable: un maricón.
Maricón, que en el lenguaje de esas mentes sádicas y reprimidas significaba depravado, digno de vergüenza y escarnio público, error de la naturaleza, cosa ridícula a la que se puede, e incluso debe, despreciar abiertamente, engendro obsceno y nauseabundo del que había que guardarse o quitar del medio, golpear si fuera necesario, porque no merecía ni si quiera la categoría de persona.
No puedo mirar atrás sin sentir dolor, incluso sin experimentar un punto de remordimiento –porque todos éramos a la vez víctimas y verdugos de aquella siniestra persecución– por tanta amargura innecesaria, por tantos seres de nuestro entorno: colegas, compañeros, amigos, en algún caso hijos, tal vez padres, que tuvieron que esconder su identidad sexual por culpa de esa ideología enferma de machos inseguros y acomplejados, que odiaban a la mujer hasta dentro de ellos mismos, de sacerdotes hipócritas que satanizaban la homosexualidad travestídos de sotana, de maestros, médicos y psiquiatras que pretendían definir la normalidad y la salud sin reconocer que los incapacitaba para el oficio el terrible trastorno de homofobia que padecían –porque no hay mayor trastorno que el de tratar de impedir a otros seres humanos que sean fieles a sus inclinaciones naturales. 
Es por ello que el sábado 20 de julio de 2013, la primera fiesta del orgullo gay en Mota del Cuervo, será recordado como un día verdaderamente grande, tan grande como pueda serlo la semana santa, la traída o el corpus para otras mentalidades, porque será el día en que una nueva generación de jóvenes, crecida al amparo de la tolerancia y el respeto, proclamará de un modo público y festivo que todas las orientaciones sexuales son igualmente legítimas, que solo los intolerantes están fuera de lugar y que nadie, absolutamente nadie, tiene derecho a poner puertas al amor.

martes, 18 de junio de 2013

INOPORTUNOS FALLECIMIENTOS





Ahora resulta que la culpa de la creciente miseria que se cierne como un funesto buitre sobre nosotros no la tienen los políticos corruptos,  que consienten unas reglas del juego diseñadas por y para las minorías, que se lucran impúdicos a costa del erario público, ni la camada de especuladores financieros que parasitan la sangre del cuerpo social hasta desecarlo.
No, la culpa ya tiene autores y un motivo concreto a juicio de D. José de la Cavada, responsable del Departamento de Relaciones Laborales de la CEOE. Es obra de los indolentes asalariados que prolongan injustificadamente el duelo por sus seres queridos, que abusan de las lágrimas en detrimento de la productividad, que tardan en recomponer su corazón por la muerte cercana sin atender a las exigencias de la fábrica, la escuela, el taller o la mina, que utilizan la defunción de sus hermanos, hijos, padres y parientes como astuta coartada para escaquearse del trabajo.
Si solo se tratara del juicio anecdótico y desafortunado de un infame personaje con antecedentes de maltrato a sus subordinados, no tendría mayor importancia. Lo terrible es la revelación de una verdad áspera que una inmensa parte de la ciudadanía se sigue negando a reconocer. Verdad según la cual bajo la fantasía liberal de un modelo concertado de relaciones laborales, un contrato entre iguales, late la siniestra realidad de la esclavitud encubierta. En el sistema capitalista, en todas y cada una de sus versiones, el trabajador no ha sido jamás considerado una persona, un ser con vida propia, libertad, aspiraciones o sentimientos legítimos, sino tan solo un útil sometido a ritmos crecientes de producción y consumo, un coste productivo que ha de ser domesticado y abaratado en favor de los beneficios empresariales.
Un indicio más que revela sin subterfugios el sentido último del momento presente: la irrupción sin complejos de una elite global dispuesta a negar la humanidad a la inmensa mayoría de la población. El estatuto de los trabajadores, ese pobre blindaje de la dignidad obrera está a punto de ser dinamitado, relegado al desván de la historia junto a la sanidad y educación públicas, las pensiones o las prestaciones sociales. En su lugar se establecerá solemnemente un único artículo: "queda terminantemente prohibido para todo trabajador por cuenta ajena enfermar, cuidar de su familia, ser instruido, pensar, descansar, rebelarse, asociarse, envejecer, llorar o morir. En caso de fallecimiento de un allegado éste se producirá necesariamente en horario festivo o vacaciones, quedando obligado el doliente a compensar a la empresa por los daños derivados de su tristeza y decaimiento emocional."

lunes, 15 de abril de 2013

HABLANDO CLARO SOBRE LOS ESCRACHES



           Vamos a dejarnos de gilipolleces –perdón por la expresión– pero la histeria del tea party en torno al tema de los escraches ha acabado colmando mi paciencia. Si a mí me echan de mi casa, y lo que es peor, a mis hijos, una entidad cuyo razón de ser es la especulación financiera, y mis representantes, en vez de socorrerme, se ponen del lado de quienes me desahucian, me voy a vivir debajo de su casa, vuvucela en mano, y les destrozo los oídos hasta que entren en razón.
Y que no me hablen de coacciones, ni de intimidaciones, ni de presiones. ¡Qué sensibles se vuelven cuando son mínimamente perjudicados esa panda de políticos serviles, lacayos de una minoría pudiente, que no necesita gritarles ni señalarles públicamente para doblegar su voluntad, resultando bastante más persuasivas las prebendas y regalos en la sombra!
Y yo pobre padre de familia, que no tengo dinero ni influencia, ni recursos para pagar la tasas de Gallardón, no me queda más poder ciudadano que el de dar por culo a quien me ha jodido, a quien me desprecia y ningunea, a quien me niega y me viola con sus hechos. ¿Sus hijos?, ¿Y los míos? Ni eso me produciría resquemor, que se enteren ya desde pequeños los hijos de quienes nos gobiernan que tienen unos padres indecentes y despiadados, capaces de consentir el sufrimiento de sus compañeros de cole sin que eso les reste fervor en la misa del domingo por la mañana.
¿Que son los métodos que los nazis empleaban con los judíos? Pero cómo se puede ser tan cínicos para confundir un acto de víctimas desesperadas con las estrategias que utilizaban verdugos genocidas. Yo diría más bien, dándole la vuelta al argumento, que los escraches son las técnicas de legítima defensa que los judíos debían haber empleado contra los dirigentes nazis para evitar el holocausto mientras todavía era posible. 

viernes, 22 de marzo de 2013

ACABAR CON LOS ACTUALES AGENTES ECONÓMICOS: EMPRESARIOS, OBREROS Y FUNCIONARIOS



Hay un tópico entre las gentes de izquierda según el cuál la figura del empresario representa a un codicioso explotador sediento de beneficio, una miserable sanguijuela que exprime sin piedad a los obreros bajo su cargo, mientras que el asalariado es una  pobre víctima repleta de dignidad a la que aquél priva de sus derechos legítimos, y de una gran parte de la riqueza que  produce con incalculable sudor.
 El tópico contrario es sostenido por la derecha, para quien el empresario, al que eufemísticamente llama emprendedor,  es poco menos que un héroe social que arriesga su dinero y compromete su tranquilidad a fin de generar riqueza y puestos de trabajo. A su lado el trabajador es un ser temeroso y comodón que no para de reclamar derechos y más derechos, que escatima el esfuerzo si no está bajo vigilancia y cuyo único objetivo es vivir seguro a sus expensas.
Pues bien, ambos tópicos contienen por desgracia gran parte de verdad, sobre todo en sus aspectos negativos, entre otras cosas porque se trata de roles complementarios: no hay empresarios sin asalariados y viceversa, ambas  figuras son secretamente cómplices. El empresario codicioso y el trabajador acomodaticio son dos caras, igualmente patéticas y despreciables, de la misma moneda. Mi propuesta sería prohibir ambas por ley, aunque me llevara por delante el día del trabajo –lástima siendo mi cumpleaños– y el día de san Botín, instituyendo un solo tipo de agente económico, el de autónomo, si se trata de una sola persona, y el de socio cooperativo si son varias. 
De ese modo quien quiera emprender una actividad económica no podrá beneficiarse del esfuerzo de un tercero, al que cosifica excluyendo de la gestión de su actividad y de los beneficios que ésta procura en el mercado; y quien quiere tener un empleo digno tendrá que asumir el riesgo financiero que comporta, las cargas de gestionarlo y la pericia de hacerlo viable, renunciando al confort del sueldecillo seguro a fin de mes y de la calma chica cuando llega a  casa. Fin de la codicia y la ambición, fin de la pereza y el miedo.
Esta es mi particular versión de cómo acabar con la lucha de clases sin derramamiento de sangre: vincular trabajo y capital, esfuerzo y riesgo, producción y gestión en la misma clase, en la misma persona y en el mismo agente. El objetivo de la patronal y de los sindicatos según este punto de vista no debiera ser otro que estudiar el modo de disolverse y desaparecer, abolir la condición de patrón y obrero en vez de fortalecerlas mutuamente.
Por último quiero denostar la tercera figura de nuestro conglomerado jurídico laboral, el funcionario, al que aseguraría una base salarial mínima que garantice la independencia de su función, pero cuya estabilidad  y satisfacción salarial condicionaría al cumplimiento de objetivos asignados y a la evaluación permanente de la ciudadanía. Un servidor público no puede estar blindado de por vida al control de los ciudadanos a los que sirve. Y lo digo yo que soy funcionario.
Basta pues de vivir a costa del Estado, del trabajador o de la empresa. Una nueva economía exige una red de trabajadores públicos y productores autónomos, nutridos por una gran banca social, que cooperan entre sí desde la igualdad, capaces de invertir con eficiencia los ahorros de las familias y de asumir honradamente el esfuerzo y riesgo que conlleva.