viernes, 4 de enero de 2013

EL ANTIHUMANISMO DE RAJOY



               El discurso de Rajoy tras el primer año de legislatura, reiterando con solemne cinismo alguno de los tópicos urdidos por sus asesores para justificar su ignominioso gobierno, a saber, el de que los recortes que están propiciando el desmantelamiento del estado de bienestar y sumiendo en el desamparo a buena parte de la población son un producto inexorable de las circunstancias -cuya premisa perenne es la herencia recibida-, y que cualquier otra respuesta alternativa hubiera sido peor, supone nada menos que certificar una vez más, por parte de un mandatario europeo, el fin de la política, es decir, de aquella actividad pública nacida en Atenas hace 2500 años, destinada a resolver de manera justa y eficaz los problemas comunes.
Asumir en directo y ante las cámaras, que no podemos hacer otra cosa que sufrir con resignación las veleidades de los mercados y sus agentes, que somos fatales rehenes de estructuras de carácter mercantil que escapan al poder del demos, del pueblo soberano, las cuales se autorregularían de forma automática como las selvas o los mares,  y de las que depende nuestra supervivencia como sociedad, más que un gesto de gallardía política, más que un desprecio a la naturaleza de la democracia, que lo es, constituye un ataque a lo que desde la Ilustración se ha considerado el sentido mismo de lo humano, la base filosófica de nuestra dignidad como especie y, correlativamente, el núcleo duro de lo que puede denominarse, con orgullo, Europa. Me refiero a la creencia en el poder de hombres y mujeres, como agentes libres, para dirigir, tanto en su vida personal como colectiva, su propio destino.
La radical y sistemática puesta en cuestión de este relato fundacional de Occidente, denominado humanismo, `puede precipitar en el abismo de la barbarie -de la que la tecnocracia, el gobierno de los expertos, no es precisamente su expresión más benévola- a los ciudadanos europeos. Lo que prueba que el riesgo que  estamos asumiendo en esta crisis es aún más grave de lo que pudiera parecer a simple vista. No estamos hablando de izquierdas o derechas, de neoliberalismo o de keynesianismo, sino de si sigue teniendo significado en palabras de Rajoy –y de aquellos a quienes  sostiene y representa– la palabra “humano”. 

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